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El ius migrandi y su asimetría / Fernando Rovetta Klyver

El ius migrandi y su asimetría


La migración es un hecho tan antiguo como la especie humana. Es más, desde una perspectiva etológica, es un hecho aún más antiguo que la humanidad, porque ya los peces como los primeros seres vivos y hasta las aves, sabían cambiar de hábitat en función de sus necesidades de supervivencia. Aunque para el ser humano aquélla migración acuática fuera invisible y sólo percibiera la aérea o la terrestre. Otra migración no visible, pero no por ello menos real y propicia para la vida, es el incesante flujo sanguíneo al interior de todos los seres que pueden migrar o de los nutrientes en la sabia de los árboles que no pueden hacerlo. Continuando con las analogías el flujo del aire que nutre de oxígeno a todos los animales y sale convertido en anhídrido carbónico que a su vez nutre a las plantas que lo purifican devolviéndolo como oxígeno. Lo que tienen en común todos estos modos de migración física, química o biológica es que resultan útiles y necesarias para el equilibrio del ecosistema y la biosfera. Lo que pretendemos en este trabajo es plantearnos por qué si desde siempre migrar es algo bueno para los individuos y las especies, últimamente se ha convertido en algo que puede resultar letal, y si hay alguna manera de reconocer plenamente el derecho a migrar o ius migrandi.
Lo cierto es que estos movimientos migratorios no sólo benefician a los animales que migran sino también a los ecosistemas desde donde parten y hacia los que se dirigen. Miguel Delibes de Castro (2005, 21) observa que “si una determinada especie de plantas adelanta su ciclo porque responde a la temperatura, por ejemplo, y los insectos que la polenizan no lo hacen, porque responden al número de horas de luz, se producirá un desacoplamiento entre ellos, y flores e insectos no coincidirán en el tiempo, lo que es problemático para ambos.” Y caben fundadas sospechas que el calentamiento global está seriamente influido por el modo de producción neoliberal, llegando a alterar hechos proverbiales: “Habrás notado lo antiguo que se ha quedado aquello de por San Blás, la cigüeña verás´, pues actualmente en muchos lugares se ven cigüeñas durante todo el invierno”. (ib.22-3)
El problema de interrumpir o interferir en estos flujos migratorios provocado por el cambio climático lamentablemente tiene sello humano, son las decisiones de especuladores financieros –ya sea que decidan grupal, individualmente, o a través de lobbies- apoltronados en su sedentaria sed de lucro a cualquier precio están destruyendo las condiciones de posibilidad de existencia no sólo a inmensas mayorías de otros seres humanos que con su trabajo van modificando la naturaleza para sufragar sus necesidades, sino también a otros seres vivientes que dejan de migrar o que, como los osos polares, se ven obligados a hacerlo buscando modos de supervivencia aun cuando esto pueda traducirse en un mortal naufragio.

I. Perfiles de la migración
Una vez visto que la migración es una estrategia de los seres vivios para sobrevivir como individuos y perpetuar la especie, cabe analizar ahora algunos caracteres de la migración para indagar cómo este fenómeno devino en una experiencia muchas veces mortal. Analicemos entonces de la migración humana: su extensión, su temporalidad, su casi-involuntariedad y el influjo de lo simbólico y lo imaginario entre los motivos que la provocan. Dejando para más adelante su función benefactora por la experiencia de multiculturalidad entre el inmigrante y los ciudadanos del país de acogida, y la promoción al desarrollo del país de origen.
a) La extensión de la migración podemos entenderla en términos estadísticos, y así afirmar que 175 millones de seres humanos –el 2.9 % de la población mundial uno cada treinta y cinco según el Informe mundial sobre migraciones 2003 (OI para las Migraciones) – se ven o vieron compelidos a dejar los lugares de origen en busca de mejores condiciones de supervivencia (un lustro después y ante la crisis actual estaremos próximos a los 300 millones y superando el 5%). Pero también podemos entender la extensión como un criterio para distinguir entre migraciones internas e internacionales.
Como resultado de las revoluciones industriales, se produjo la urbanización o migración masiva de los habitantes del campo a las ciudades, al interior de todos los países; actualmente con la NTI, acaso tercera revolución industrial, se permite el reflujo de una parte de la población ya hacia zonas urbanizadas a las afueras de las ciudades –muchas con modos de acceso similar a los castillos medievales- ya hacia casas o pueblos de turismo rural. Mas cuando se habla de migración, sin más calificativos, nos referimos exclusivamente a fenómenos internacionales, entre los que podríamos claramente distinguir las protagonizadas por pueblos Sur-Sur, generadas sobre todo por conflictos bélicos, desastres naturales o hambrunas, de las protagonizadas por individuos o familias Sur-Norte provocadas por cuestiones económicas. Al interior de éstas habrá que distinguir las que se producen entre pueblos de una misma lengua, como la de los habitantes de las antiguas colonias hacia las antiguas metrópolis, de las que se producen entre pueblos de diferente lengua. A esta importante diferencia cultural habría que añadir la diferencia de religiones tomando la precaución de no incurrir en el maniqueísmo de Huntington en El choque de civilizaciones (2001?) o del más absurdo ¿Quiénes somos? (2004).
b) El carácter temporal de la migración permite distinguir en función de la duración entre un modo de migrar periódico, en función de ciclos de producción, los llamados temporeros o migración golondrina, y otro el de quienes pretenden establecerse en un lugar diferente a aquél del que son originarios definitivamente, ya porque generen lazos familiares con los nativos ellos mismos o sus hijos, ya porque no se encuentren con fuerzas para regresar y comenzar de nuevo. Si las políticas migratorias tienden a favorecer el primer tipo de migración frente al segundo, los propios inmigrantes mayoritariamente prefieren éste por las dificultades de ingreso al país de acogida y la progresiva camaradería que se genera con los demás trabajadores golondrinas, incluso nativos. Esto mismo permitió la emergencia del sindicato de obreros inmigrantes (SOI) en la provincia de Jaen, que luego de tres lustros de recolectar aceitunas y no ver suficientemente reconocidos sus derechos, realizaron huelgas de hambre y tras ser reprimidos, convocaron a un boicot internacional al consumo de aceite de oliva de tal procedencia.
c) El carácter casi-involuntario de la migración fue motivo de un debate personal en Montevideo 2004, con la representante de ACNUR para América Latina y el Caribe. Está claro que en un extremo de los cambios de hábitat, forzados por la circunstancias políticas, se encuentran los demandantes de asilo y los refugiados, quiénes –cabe destacar- cada vez tienen más difícil ser reconocidos como tales. En el otro extremo, los turistas realizan viajes de placer en los que su voluntad se ve promovida y con frecuencia manipulada por agencias cuyo fin prioritario es el lucro. Entre ambos extremos, pero mucho más próximo al primero, casi identificándose con él, se encuentra la situación de la migración por razones económicas. Sobre la presunta voluntad del que se ve compelido a emigrar, ya Vitoria en el s.XVI (Com II II, 77, 4, T IV: 68), la ponía en duda planteando que en ciertos contratos “Si el amo le dice al criado: `si quieres esto, te quedas en mi casa, y si no vete donde quieras´; y todavía quiero suponer que hay una cláusula en el contrato en que dice el amo: `y no te daré nada más ni siquiera por vía de la restitución´ (...) no se da una decisión del todo voluntaria sino que existe una coacción, pues la necesidad le obliga.” Es decir, convierte un derecho en un deber.
Luego si el sistema de Naciones Unidas fue capaz de crear un Alto comisionado para los refugiados por razones políticas, convendría que se planteara la existencia de una institución de idéntico rango para los inmigrantes por razones económicas. Si resulta poco viable resolver desde esta institución internacional las demandas de los millones de inmigrantes de las más diversas regiones y culturas producidos por el modelo económico-financiero del neoliberalismo, acaso sea ya oportuno plantearse atacar la causa del problema y buscar una radical alternativa al capitalismo-financiero global, con sus paraísos fiscales, secretos de cuentas bancarias en Suiza y otras faltas de transparencia. Pero a la vez que se sostiene que los trabajadores migran por propia voluntad se carece de voluntad política para buscar soluciones radicales al problema.
d) Los componentes simbólicos e imaginarios de la migración permiten establecer otra distinción entre los colectivos migrantes. Si señalamos que refugiados y demandantes de asilo tienen motivos políticos para migrar, mientras que las amplias mayorías migran por cuestiones económicas, hay una minoría que migra por cuestiones religiosas. En algunos casos, porque su credo es combatido en el país de origen, en otros porque quieren propagarlo en el país de acogida. Entre estos últimos cabría todavía distinguir entre quienes representan una avanzada que tras los símbolos religiosos ocultan intereses políticos y económicos muchas veces inconfesables, de aquellos otros que con toda honestidad y en ocasiones heroísmo llegan a presentar sus credos en encomiables proyectos interculturales de liberación. De todos modos, estos equipos de misioneros o propagandistas suelen contar con un respaldo económico e institucional desde los países de procedencia –casos únicos de migración Norte-Sur- que les ubica al margen de las penurias habituales a la mayoría de los inmigrantes.
Pueden plantearse dudas sobre si el discurso misionero es simbólico o imaginario, mas resulta indubitable la presión sobre el imaginario colectivo que ofrecen los medios de comunicación, sobre las comunidades de las que proceden los flujos migratorios. Pierre Pauline Onana, oriundo de Camerún doctorado en ciencias de la educación y sociología, proponía distinguir entre motivos expelentes y atrayentes de la migración, lo que los ingleses llaman push & pull. Si lo que expulsa a una población de su lugar de residencia puede ser una catástrofe natural, el hambre, la guerra o una persecución política o religiosa, lo que atrae hacia otro lugar es lo contrario la estabilidad, la prosperidad, la paz y la tolerancia. Mas estos últimos valores suelen ser presentados a través de los medios masivos, particularmente la televisión, generalmente sobredimensionados. Las imágenes televisivas de paraísos terrenales en los que todas las necesidades están sufragadas y la convivencia armónica sólo es interrumpida por algún malhechor que inexorablemente permite que se luzca un héroe que resulta victorioso, poco tienen que ver con la realidad que encuentra el inmigrante al llegar.
En definitiva, admitiendo esta doble motivación de push and pull, nos encontramos con el siniestro mecanismo por el que el sistema neoliberal expulsa a los trabajadores de sus países de origen, los atrae hacia países que pueden requerir su mano de obra, considerando de modo unidimensional su faz productiva, pero entre un extremo y otro establece filtros de acceso y fronteras inexpugnables que convierten en frustración –en muchos casos, mortal- el anhelo de inmensas mayorías. Si Tomás de Aquino sostenía que en caso de extrema necesidad no hay robo, ante la extrema necesidad de los pueblos sur-saharanianos –por ejemplo- no se puede considerar delictivo que intenten trabajar –no se habla aquí de robar- dignamente para poder subsistir, cuando para ello no se les deja otra alternativa que la migración.

II. Del neoliberalismo como causa de las migraciones económicas
Retomando las referencias remotas al fenómeno migratorio, los primeros homínidos habrían migrado desde África a Europa dejando sus rastros en Atapuerca. Pero ese desplazamiento masivo de población nómade recién encuentra sosiego con la revolución del neolítico, el surgimiento de la actividad agopecuaria. Sin embargo, en los albores del s.XXI una particular modo de entender el mercado, ya no tanto productivo como especulativo, el neoliberalismo ha generado las condiciones de una involución de la humanidad por la que millones de seres humanos no tienen más alternativa que dejar sus tierras, sus familiares y amigos e intentar arraigarse en un mundo diferente.
Es decir, el aumento de migraciones forzadas por cuestiones económicas directas, para evitar las hambrunas producidas por la desertización creciente, o indirectas, para huir de guerras producidas por motivos económicos, son un síntoma del modo de producción neoliberal globalizado. Y este fenómeno no sólo afecta a quienes llegan a perder la vida –de un golpe de mar o a través de los años- intentado encontrar un espacio donde trabajar dignamente y en paz, sino también a toda la biosfera y “más temprano que tarde” se volverá contra quienes por ahora disfrutan de este estado de desigualdad creciente, genocida y ecocida. Luego este modo de producción resulta ser lo opuesto a la revolución del neolítico que representó un momento crucial en la evolución en el proceso de humanización. Representa un punto de inflexión en el que se inicia una involución deshumanizante y destructora de todo lo vivo.
Considerar que el neoliberalismo representa un particular modo de producción, es ya una licencia del lenguaje casi poética, en realidad se trata de un doble modo de explotación, tanto de los recursos humanos como de los naturales. Que el neoliberalismo explota a los trabajadores, no es algo que merezca mayor demostración, basta con tomar conciencia de la devaluación progresiva no sólo de los derechos a condiciones dignas de trabajo, sino al incremento de productividad tratando de alcanzar el “coste chino de producción” sin respetar ni a la infancia. Amenaza a los trabajadores de países industrializados con deslocalización y aplica una progresiva desregulación que consigue altos índices de desempleos, empleos precarios, subcontrataciones y destrucción de planes de pensión y/o jubilación. La situación de los trabajadores en países no industrializados, todavía es peor. Luego cuando alguno de éstos pretende mejorar sus condiciones de trabajo se ve forzado a emigrar, con lo que se expone a no ser recibido o a ser explotado en los países industrializados aún más que los trabajadores nativos.
Que el neoliberalismo explota los recursos naturales de manera insostenible tampoco requiere que se lo demuestre, ni insistir en que resulta contraria a la racionalidad la unidimensional apuesta por fuentes de energía no renovables, como si no se supiera que todo en la naturaleza tiene su límite. Como bien diagnostica Susan George: la economía neoliberal considera al ecosistema como un subsistema suyo, aquél que le provee de materia prima; cuando en realidad, toda actividad económica –incluso la neoliberal- no es más que un subsistema –en este caso, destructivo- del ecosistema.
Pero si se pretendiera relativizar esta crítica al neoliberalismo planteando que en todos los modos de producción hubo explotación del hombre por el hombre y plusvalías, como bien denunció Marx, habrá que destacar que el grado de destrucción del ecosistema es algo novedoso que ya provocó daños irreversibles en términos de pérdida de biodiversidad. Además, la economía neoliberal no es un modo de producción, sino fundamentalmente un modo de especulación. El escorarse de la economía hacia lo financiero deja en segundo plano a la producción, comercialización y distribución de bienes y servicios. Y este estadio del capitalismo tardío ha llegado a plantear su propia destrucción.
En relación a los cambios de las últimas décadas, Richard Sennet describe cómo las empresas que despiden trabajadores, calificando tal acción como un reajuste estructural, automáticamente ven subir sus acciones en bolsa, aún cuando una reducción del plantilla se traduzca en una disminución de la producción. Luego esta diferencia entre la producción real que disminuye y el lucro especulativo que aumenta confiere volumen a una burbuja financiera que flota ingrávida y cambia de altura por razones de la más diversa índole: desde los resultados electorales a temores de inestabilidad en el mercado. Si la revolución del neolítico permitió al hombre dejar de migrar, roturar la tierra en profundidad y elevar sus abstracciones hacia argumentos científicos, la contrarrevolución neoliberal obligó a millones de hombres a migrar al mismo tiempo que los especuladores construían castillos en el aire que les reportaron pingües beneficios.
Tal estado de cosas se vio agravado por la progresiva acumulaciones de gigantescos capitales llamados “fondos soberanos” por parte de la “global class” capaces de desestabilizar el precio de los hidrocarburos o de otros insumos claves para toda actividad productiva o para la misma supervivencia de toda la humanidad. Como analiza Manuel Martín Hernández (Universidad de Alcalá) no es el neoliberalismo el causante de que se hayan acumulado estos “fondos soberanos” en los países proveedores de materias primas, pero sí lo es de que tales fortunas puedan ingresar libremente en el mercado financiero global provocando desequilibrios a partir de su desproporcionada magnitud. Resulta sintomático el calificativo de tales fondos, porque la soberanía era la principal atribución del Estado moderno y desde J.Bodin o T.Hobbes se entiende como “potestas soluta” un poder absoluto que no reconoce límite alguno.
De la magnitud y la gravedad de la crisis económico-financiera global la migración forzosa de millones de trabajadores era un síntoma inequívoco, que no llegó a ser interpretado por los analistas del mercado.
Sospechamos que ante la magnitud de la crisis y la grave condiciones de millones de inmigrantes, trabajadores temporales o en condiciones precarias de producción y las inmensas muchedumbres de desempleados que en tanto que no producen, no tienen cómo consumir y son tratados como los “superfluos” (S.George) o los “nadie” (E.Galeano), cabe cambiar el paradigma de nuestro modelo civilizatorio. Así como resulta absurdo pretender poner parches a una burbuja que ha explotado, resulta patético pretender resolver la crisis económico-financiera que ha dejado al descubierto las insuficiencias de nuestro modelo civilizatorio, con importantes sumas de dinero que emergen de vaya uno a saber qué fondos y que engrosarán tarde o temprano las deudas externas o internas que los trabajadores deberán pagar. Y más que trágico, resulta delictivo no denunciar que los responsables de promover las hipotecas subprime hayan quedado impunes, nadie fue condenado por estos robos, por el contrario, los mismos bancos y empresas que lucraron con el engaño a los contribuyentes resultan premiados con importantes incentivos para que el sistema continúe en su estado vegetativo, agonizando.
Las alternativas planteadas en la última cumbre de los países industrializados más los emergentes (15/nov/2008) pasaban de aplicar correctivos al “capitalismo justo” planteada por G. Bush a una reformulación del capitalismo propuesta por N. Sarcosi, presidente francés a cargo de la UE. Pero tal escenario parecía condenado por una doble falacia delictiva. Ad crumenam, sostener que sólo los países de mayores PBI tienen capacidad de resolver una crisis que si no generaron todos con igual grado de responsabilidad, al menos todos medraron de ella, luego son responsables por omisión, es no sólo una falacia lógica sino un atentado contra el derecho internacional y la presunta igualdad de las soberanías estatales consagrada en la Carta de Naciones Unidas. La siguiente falacia, ad baculum pretende convencer que quienes mayor poder no sólo económico, sino también militar poseen, pueden presentar estrategias racionales para salir de la aporía a la que nos condujo su propia sinrazón, también incurre en el mismo delito de discriminación de la mayoría de los países de la Tierra. Ante un problema de esta magnitud, es conveniente escuchar a todos no sólo a algunos, a los sabios no sólo a los poderosos, acudir a los que argumentan más que a los que amedrentan.

III. Del cambio de paradigma civilizatorio y el asimétrico ejercicio de ius migrandi
La misma Escuela de Frankfurt se había propuesto “nada más y nada menos que comprender por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hunde en un nuevo género de barbarie.” (M.Horkheimer y T.Adorno) Mas es conocida la diferencia entre estos autores que entienden que la Ilustración es un proyecto agotado y la apuesta de Habermas por reinterpretar al proyecto ilustrado y otorgarle una nueva oportunidad. Coincidimos más con los primeros y aceptamos la apuesta del último, siempre y cuando esté dispuesto a dialogar con los otros proyectos civilizatorios que pudieron quedar esbozados en las historia y que no llegaron a desarrollarse plenamente.
La radicalidad de la crisis en la que Occidente sumió a todo el orbe requiere del esfuerzo mancomunado de todos, para que en una confrontación dialógica de lo más humanizador de cada civilización se encuentre los modos de salir del “choque entre barbaries” (C.Taibo) en el que nos sumieron los neocons y su réplica en el fundamentalismo islamista. En la historia de Occidente, había señalado R.Morse hubo dos grandes tradiciones jurídico-políticas: la anglo-americana y la ibero-americana. La primera comienza en el s.XVII inglés y se proyecta a Estados Unidos y también a Francia, aunque allí es atenuada por Rousseau y otros pensadores; la segunda nace y muere en el Siglo de Oro español teniendo como referentes a F.Vitoria y F.Suárez. A la primera, McPherson propuso identificarla como “individualismo posesivo”, a la segunda propusimos denominarla “personalismo comunicativo”.
El tratamiento que recibe el derecho a la migración en uno y otro modelo, es tributario de sendos modos de percibir al otro en un marco de tolerancia. Jesús Lima Torrado (2005: 309-10) ha señalado cómo es posible contraponer a la tolerancia neoliberal, que abreva en el “individualismo posesivo”, una tolerancia comunicativa. La tolerancia neoliberal queda presa en el multiculturalismo, , en una ficticia sociedad homogénea (o en una coercitiva sociedad homogeneizante) centrada en el concepto de ciudadanía, requiriendo del otro que se convierta en otro yo. La tolerancia comunicativa, por el contrario, parte de la pluriculturalidad y de constatar “dos hechos indubitables: a) nunca existieron sociedades totalmente homogéneas, o sociedades “puras” y b) los flujos migratorios están produciendo el encuentro de poblaciones de muy diferentes culturas”; defiende “una ciudadanía cosmopolita que permite incluir a los extranjeros... posibilitando la plena integración de las minorías”.
Coincidiendo plenamente con tal diagnóstico pretendemos en este trabajo buscar las raíces de tal diferencia en la percepción tratando de fundamentar por qué es más humanos respetar al otro en su diferencia, en su alteridad y no pretender convertirlo en un clon nuestro o peor aún, en nuestro siervo.
Como puede inferirse de lo planteado inicialmente, el derecho a migrar, el ius migrandi, como todo derecho, se basa en un hecho previo: las necesidades propias del sujeto titular, por lo que se habla de derecho subjetivo. Luego, si tal derecho (ius) es objetivamente reconocido por otro, tendremos un acto de justicia. Y, cuando un ordenamiento jurídico estatal, regional o internacional reconozca tal hecho como un bien a proteger a través de normas válidas y eficaces estaremos ante un derecho objetivado acorde a los derechos humanos.
La primera circunstancia histórica en la que se planteó la universalidad de este derecho ocurrió hace medio milenio, con la llegada de los primeros españoles a tierras americanas. Es conocida la polémica que se desató a propósito de las denuncias de A.Montesinos y Las Casas respecto a los justos títulos, o los argumentos que legitimaran la presencia española en aquellas tierras. En tal contexto, Francisco de Vitoria desde Salamanca, se opuso a las tesis regalistas de Sepúlveda y presentó al ius communicationis como principal derecho que legitimaba la gesta. Traducido en nuestros términos tal derecho suponía que todo hombre o todo pueblo podía intercambiar con todo otro hombre o pueblo información, bienes y servicios sin causarle daño. Luego de tal derecho pueden inferirse el derecho a migrar, comerciar con los nativos y a residir entre ellos, en paralelo al derecho a predicar la propia religión y a defender a los nuevos conversos.
Mas si este conjunto de derechos, entre los que el ius migrandi se presenta como primera inferencia del ius communicationis, resultaron persuasivos para legitimar la expansión colonial española, pronto Alberico Gentili y Hugo Grocio lo adoptaron para legitimar no sólo la expansión italiana u holandesa respectivamente, sino la de toda Europa respecto a los demás continentes. Pero, ha señalado Luigi Ferrajoli (1999: 154-5) con agudeza y honestidad, que los juristas del s.XVI no fueron capaces de prever que 500 años después los habitantes de las antiguas colonias vinieran a las antiguas metrópolis y demandaran que se les reconozca como titulares del ius communicationis o del ius migrandi.
“En aquel tiempo, cuando los derechos fueron prometidos a todos, no tenían coste alguno para nuestros países, puesto que era impensable que hombres y mujeres del Tercer Mundo llegasen a Europa y exigieran que fueran tomados en serio en nombre del principio de reciprocidad. Pero hoy, después de haber sido precisamente Europa quien invadió durante siglos el resto del mundo con sus conquistas y con sus promesas, no podemos realizar una operación inversa –transformando los derechos del hombre en derechos de los ciudadanos- sin abdicar del universalismo de los principios en que se funda la credibilidad de nuestras democracias.
Tomar en serio aquellos valores, los derechos humanos proclamados en las cartas constitucionales, significa, por consiguiente, tener el valor de desvincularlos de la ciudadanía, es decir, del último privilegio de status que subsiste en el derecho moderno. Y esto significa reconocer su carácter supraestatal, garantizarlos no sólo dentro sino también fuera y contra todos los Estados, y así poner fin a este gran apartheid que excluye de su disfrute a la mayoría del género humano.”
Este diagnóstico programático y lúcido de Ferrajoli, en plena sintonía con la distinción de Lima Torrado, se encuadra en una apuesta aún mayor: la de resolver a través de una Constitución global la situación de estado de naturaleza en el plano internacional generado por el concepto hobbesiano de soberanía estatal ilimitada. Para esto, se basa en que las constituciones de cada uno de los Estados habrían logrado tal superación al interior sus territorios. Y tal constitución de derecho internacional la encuentra en la Carta de Naciones Unidas (1945), la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y los Pactos Internacionales que la desarrollan (1966...)
Sin embargo, analizando tales instrumentos del derecho internacional de los derechos humanos, podemos encontrar una orientación cada vez más restrictiva para el reconocimiento del ius migrandi: Lo que en 1948 refleja el doble reconocimiento del derecho a migrar y elegir un lugar de residencia (DUDH, 13.1: toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado) en 1966 tal derecho universal queda reducido a una materia estatal, a través de un pacto en el que negando la migración internacional, la tolera sólo al interior de sus fronteras para aquéllos que legalmente se encuentre en ella (PIDCP, 12.1: Toda persona que se halle legalmente en el territorio de un Estado tendrá derecho a circular libremente por él y a escoger libremente en él su residencia). Se consuma de este modo el no tomar en serio al derecho internacional, y genera entre los derechos del hombre y los derechos del ciudadano un limbo de derechos del inmigrante legal, que aspira a gozar de los derechos del ciudadano, ya que los derechos humanos naufragan en la retórica.
Lo que puede explicar esta devaluación del derecho del hombre a algo menor que un derecho del ciudadano, es la importancia que asume un agente internacional que viene adquiriendo mayor peso desde los albores de la modernidad: el mercado. Aún más poderoso que el Estado, reivindica para sí la soberanía o el poder sin límites que Hobbes depositaba en el Leviatán, hasta los actuales “fondos soberanos”. Pero este monstruo se ha metamorfoseado, ya no atiende al bien común con argumentos políticos, atiende al lucro particular de sus accionistas con argumentos económicos. Se ha invertido el orden axio-epistemológico que propusiera Kant en, Hacia la paz perpetuamente (1795) en el que la ética, pautaba a la política, entre ambas generaban el derecho, y entre los tres modos argumentativos acotaban la actividad económica. Hoy es la economía la que exige al derecho desregulación, a la política legitimidad para deslocalizar empresas y reduce a la ética a un discurso privado que vanamente se escandaliza de la corrupción.
El modo más radical y alternativo contra el modelo neoliberal consiste en una estrategia (ética, política, jurídica y económica) que rompan con el modelo de la usura y la propiedad privada como derecho ilimitado, que ponga al mundo de pie dando prioridad a los derechos humanos frente al lucro a cualquier precio. Mientras esto no se haya logrado y sigan produciéndose millones de inmigrantes, cabe defender la universalidad de sus derechos.
Luego, si en 1789 el dilema era: derechos del hombre o derechos del ciudadano, en épocas de globalización el dilema se ha desplazado a la dicotomía entre derechos del hombre o derechos del trabajador y el consumidor. El título de ciudadano, sigue siendo el status de privilegio que garantiza derechos civiles y políticos, pero estos derechos se compran y venden si no se reconocen los derechos económicos, sociales y culturales. Y, como contrapartida, si estos derechos de segunda generación son el resultado de las protestas y luchas de los trabajadores, es a éstos a quienes les corresponde prioritariamente, y para el ejercicio y garantía de los mismos es necesario que accedan a los derechos de primera generación; dicho de otro modo, si todos los derechos humanos son “interdependientes e indivisibles” habrá de reconocerse la titularidad de los mismos no sólo a los ciudadanos, sino también a los trabajadores inmigrantes.
Estos reclamos no son nuevos, ya la OIT –creada con anterioridad a la ONU- presentó un Convenio sobre trabajadores migrantes en 1939, revisado el 1/jul/49, lo complementó en 1975 con el Convenio sobre trabajadores migratorios (Cláus.suplem) hasta que finalmente la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de los trabajadores migratorios y de sus familiares fue aprobada en 1990, y entró en vigor el 1º de julio de 2003 aunque con muy bajo el número de las ratificaciones. Ningún país occidental receptor de migrantes la ha ratificado. Es significativo que el Comité de Derechos de los Trabajadores Migrantes OIT: esté sólo compuesto por cuatro países latinoamericanos: México, Ecuador, El Salvador, Guatemala; tres africanos: Egipto, Marruecos, Uganda, y tres asiáticos: Filipinas, Sri Lanka y Azerbaijan.
Si el actual gobierno español ha sido capaz de marcar rumbo al derecho internacional al retirar sus tropas de Irak, podría ser oportuno que reasuma tal liderazgo y convierta a España en el primer país europeo receptor de inmigrantes que suscriba la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de los trabajadores migratorios y de sus familiares. De tal modo, en un particular ejercicio de la memoria histórica asumiría los argumentos que por primera vez plantearon el ius communicationis y el ius migrandi como derechos universalizables, de los que se benefició todo un pueblo no sólo en épocas de la remota conquista de Hispanoamérica sino en fechas más recientes cuando cinco millones de personas tuvieron que emigrar por la guerra civil.
Téngase presente que de los países latinoamericanos al 15/dic/03 además de los cuatro miembros del Comité, ya mencionados otros cuatro adhirieron a la Convención: Belice, Bolivia, Colombia y Guatemala, y dos la firmaron: Chile y Paraguay. Se podrá quitar mérito a tales compromisos señalando que son países emisores de migración, pero no es menos cierto que particularmente Chile, Ecuador y México, reciben millares de inmigrantes de sus países vecinos. Ratificar esta Convención –por parte de España- sería un paso más en la alternativa al neoliberalismo que declara guerras económicas y propone una economía belicista en la que las primeras víctimas son los trabajadores inmigrantes, particularmente africanos que arriesgan sus vidas en pateras o cayucos. Con tal ratificación se comenzaría a enmendar la asimétrica forma europea de entender al ius migrandi, y superar la asimetría es un modo de avanzar hacia la igualdad en respeto por la diferencia.

Desde la migración resistente “otro mundo es posible”
Huntignton (2004) después de proponer un choque entre civilizaciones en el que poder justificar la voraz industria armamentista promovida por la extinta guerra fría, se preguntaba si “los blancos, protestantes y de habla inglesa” debían entender a “los hispanos, católicos y de habla castellana sólo como diferentes o como enemigos”, concluía afirmando que sólo como enemigos. Tal lenguaje castrense, schittiano y belicista de un representante de los neocons y asesor del gobierno de G.Bush (Jr) obligó a los inmigrantes a asumir una estrategia de resistencia. Y al parecer ya comenzó a dar resultados. La reciente elección de Barak Obama a la presidencia de los EEUU no sólo representa un cambio de partido en el gobierno, sino un esperanzador horizonte de cambios no sólo en el ámbito interno, sino en el internacional de una potencia que deberá superar el unilateralismo.
La resistencia de la migración en Europa adoptó expresiones muy diferentes. En un extremo Francia, que formalmente habría concedido ciudadanía e igualdad de derecho a los hijos de inmigrantes, a precio de que abandonen toda referencia a sus culturas de origen, debió soportar y apaciguar revueltas en las principales ciudades generadas desde sus suburbios en 2005. En el otro extremo España, que pasó de una política de regularizar a los inmigrantes sin papeles a endurecer la política de ingreso suscribiendo la “directiva de la vergüenza” europea en junio de 2008, fue el escenario de dos ediciones del Foro Social Mundial de Migraciones en Rivas Vacía Madrid en 2006 y 2008.
Resulta particularmente esperanzador que la migración en y desde España opte por la estrategia del diálogo ante quienes no sólo no suscriben la Convención de los derechos de los trabajadores inmigrantes aludida, sino que suscriben la Directiva de Retorno, pese a que no se hubieran aprobado ninguna de las enmiendas socialistas. He aquí un particular ejercicio del ius communications por parte de quienes pretenden ejercer su ius migrandi ante quienes no parecen dispuestos a practicar la tolerancia comunicativa, sino que prefieren –al menos de momento y en los hechos- la neoliberal.
Es esperanzador que en el II FSMM, reunido en Rivas del 22 al 24 de junio de 2006 representantes 1.193 organizaciones de 84 países, se hayan definido como migrantes diciendo: “somos sujetos y agentes de transformación de las sociedades a las que llegamos y de las que salimos, somos sujetos sociales cuyo empoderamiento y articulación como agentes de transformación política, social, cultural y económica, es fundamental.” Que hayan denunciado: “Las políticas económicas, sociales y culturales base de la actual globalización impiden un desarrollo humano y sostenible desde los propios intereses y necesidades de todas las sociedades. La acción de las empresas multinacionales, la deuda externa, la pérdida de soberanía alimentaría, el comercio injusto, la expoliación de los recursos naturales y los conflictos armados son causa de que las personas se vean forzadas a desplazarse y emigrar, tanto hacia el Norte como entre países del Sur.” Y que hayan propuesto una fórmula para la supervivencia de toda la humanidad: “vivamos más sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir.”

Fernando Rovetta Klyver
(UCLM, Albacete)
[Texto cedido por su autor a Desliz]
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De un modelo iberoamericano de derechos humanos: su historia y fundamento

Por Fernando Rovetta Klyver (UCLM)

Plantear la existencia de un modelo iberoamericano de derechos humanos en La Habana es todo un honor, un desafío y una oportunidad. Es un honor porque Cuba representa en el plano internacional un ejemplo de autodeterminación de un pueblo, pese al embargo comenzado el 7/feb/1962 y condenado 18 veces por la Asamblea General de la ONU (con el voto en contra de EEUU e Israel). Es un desafío, porque en el plano interno no parecen garantizarse todos los derechos humanos, aunque esta situación en diferentes grados ocurre en todos los países del orbe. Y es una oportunidad, porque conforme al carácter de este Encuentro conviene remontarnos a la Historia para compartir unas reflexiones sobre Filosofía del Derecho con afán de abrir un diálogo sobre un producto común a éstas: los derechos humanos.
Para ello, comenzaremos planteando la posibilidad y necesidad de buscar un modelo alternativo de derechos humanos, frente a los tres modelos históricos: inglés, norteamericano y francés. En un segundo momento analizaremos los fundamentos de tales modelos, confrontando el “individualismo posesivo” con un “personalismo comunicativo”. Y finalmente, veremos de qué manera este modelo, que comienza con Las Casas y Vitoria, pudo desarrollarse en la vida y obra de Simón Bolívar, José Martí y José Carlos Mariátegui.


I. Posibilidad y conveniencia de un modelo iberoamericano de Derechos Humanos
Antes de abordar si es posible reconstruir un modelo alternativo de derechos humanos, corresponde que nos preguntemos si es necesario hacerlo. Y la respuesta afirmativa surge de constatar la insuficiencia de los llamados “modelos históricos” para resolver problemas endémicos de la humanidad. La desigualdad creciente entre el Norte y el Sur, entre las “global class” (Dahrendorf) y los “superfluos” (S.George), los conflictos bélicos que cada vez más atentan contra la población civil y la destrucción del ecosistema planetario son algunas de las razones por las que podemos sospechar que no resultaron eficaces tales modelos. Y si no ofrecieton soluciones, pasaron a ser parte del problema, acaso porque no supieron entender el carácter o la primacía de ciertos derechos, o porque no tuvieron una adecuada interpretación de lo que sea el ser humano como sujeto titular de los mismos.
En el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Complutense fundado y dirigido entonces por D.Gregorio Peces Barba, a una década de la Constitución española de 1978, nos proponían a los doctorandos latinoamericanos (que éramos la mayoría del alumnado) una tesis de Norberto Bobbio. Conforme a ésta sólo podrían reconocerse tres modelos históricos de derechos humanos, a partir del iusnaturalismo racionalista del s.XVII inglés de Hobbes y Locke, cuyas doctrinas se habrían extendido hacia las trece colonias de América del Norte y hacia Francia. Las condiciones para reconocer tales modelos eran: una fáctica, la existencia de un Estado absoluto, y otras teóricas: un doble debate sobre la humanización del Derecho procesal y penal y sobre la tolerancia.
Fijadas tales condiciones, y considerando la evaluación de insuficiencia antes aludida, nos propusimos indagar sobre si tales condiciones hubiesen podido darse en la historia de Iberoamérica, desde aquel conflictivo origen en el reino de Castilla. Fue el historiador Francisco Tomás y Valiente quien nos proporcionó argumentos según los que, ya a fines del s.XVI: con la unión de los reinos de Castilla y Aragón, que conquistan de Granada e inmediatamente se expanden a tierras americanas, se conformó un Estado absoluto. Con lo que se puede dar por satisfecha la primera condición, la histórica o fáctica.
Mayor dificultad representaba constatar con hechos las condiciones teóricas, es decir, que se hubieran fundado unos “mandatos de optimización” (R. Alexis) eficaces sobre: la humanización del Derecho procesal y penal y la tolerancia. La Inquisición, o el modo cruento en que se llevó la Conquista, en la que se cometieron genocidios contra los pueblos indígenas y se esclavizó a población africana, no corroboran un cabal avance en tal dirección. Aunque sí pueden encontrarse argumentos humanizadores en la obra de Luis Vives (1492-150) según el Prof. Jesús Lima Torrado, y en las denuncias de Fr. Antonio de Montesinos, Bartolomé de las Casas, o en obras de éste y de Francisco de Vitoria, teólogo-jurista de Salamanca fundador del Derecho Internacional público. Para constatar la eficacia –aunque mínima- de tales discursos, nos introdujimos en la legislación indiana –conforme la antología de R.Konetzke- que pretendía, aunque no sin vacilaciones, limitar la esclavitud y los genocidios desde los primeros viajes de Colón hasta las Cortes de Cádiz de 1810. Es cierto que tampoco se lograron superar totalmente esquemas de discriminación y asimetría, sin embargo, si se comparan los modos de colonización implementados al norte y al sur del Río Grande, se podrá ver que unos tratados que respeten la dignidad de los aborígenes como las Relecciones De Indis (1532), no se encuentran en otra lengua. Al punto que Uslar Pietri señalaba que no existe una traducción inglesa de nuestra palabra “mestizo”.

II. De un fundamento alternativo de los derechos humanos
Luego de analizar las diferencias y similitudes entre los tres modelos históricos aludidos, concluimos que pese a la distinta incidencia que tuvieron doctrinas iusfilosóficas, políticas y culturales afines, la principal similitud entre ellos es su fundamento: el “individualismo posesivo” (McPherson, 1975). Para tal doctrina, cuyos fundadores son T.Hobbes y J.Locke, el sujeto titular de los derechos es sólo el individuo y su principal derecho es la propiedad privada (properties). Esto hizo que tales modelos resultaran operativos para un capitalismo incipiente, posteriormente legitimado en las doctrinas de J.Bentham con su Apología de la usura (1787) y J.Austin con su doctrina de la “ley divina no revelada” (1832) identificada con la Economía política capitalista.
Tal fundamento estaba claramente identificado con los modelos inglés y norteamericano. Por su parte el modelo francés parece mantenerse dubitativo entre la influencia de Locke y los fisiócratas que le hacen incluir en su Declaración a la propiedad como un bien “sagrado e inviolable” o, por el contrario, aceptar el diagnóstico de Rousseau, según el cual la propiedad privada es el origen de la desigualdad y debe ser abolida. A esto se suma que desde su nombre, la misma Declaración duda sobre si los sujetos titulares son los hombres o sólo los ciudadanos.
En esta confrontación asumimos la propuesta del profesor californiano Richard Morse (1982), para quien en la historia de Occidente se dieron dos grandes tradiciones jurídico-políticas: la angloamericana que nace en el S. XVII y se prolongó hasta nuestros días, y la iberoamericana, que nace y muere en el Siglo de Oro. Nuestra sospecha es que no ha muerto este segundo modelo, ha sobrevivido en las luchas por la independencia de las Colonias hispanas y de la misma España, desde una agónica dialéctica respecto a los modelos que intentaba superar.
Frente al “individualismo posesivo” angloamericano, pretendimos encontrar otro fundamento alternativo para nuestro modelo iberoamericano y lo encontramos –acreditados por un trabajo de L.Ferrajoli (1999, V)- en el ius communicationis de Vitoria y su reinterpretación del ius gentium como derecho de los pueblos. Con tales supuestos postulamos un “personalismo comunicativo”, para el que: el sujeto titular del derecho es cada persona y las comunidades de las que participa, y el derecho por antonomasia es la comunicación, entendida como el posible intercambio de información, bienes y servicios entre personas y pueblos sin causarse daño.
Cabe destacar las cuatro principales diferencias entre el fundamento de este modelo iberoamericano y el de los históricos. Las dos primeras alude a los derechos: a) Comenzando por el derecho tomado como arquetipo de los demás: mientras la propiedad es una relación del ser humano con las cosas y que si se aplicara a otro ser humano lo degradaría, la comunicación es una relación interpersonal que si se proyecta al ecosistema lo dignifica. Para entender esta diferencia piénsese en la respuesta del Jefe Seattle a J.Pierce el décimo cuarto presidente (demócrata) de EEUU. b) También difieren en el carácter que otorgan a tales derechos humanos: mientras que los modelos históricos –inspirado en el iusnaturalismo racionalista- proponen unos derechos naturales sagrados, inviolables e ilimitados por lo que no pueden universalizarse. Nuestro modelo alternativo los reconoce como derechos de gentes, a mitad de camino entre el derecho positivo que impone límites jurídicos y un derecho natural, que impone límites éticos para que tales derechos puedan universalizarse.
Las otras diferencias aluden al sujeto titular de los derechos: c) mientras en los modelos históricos sólo se admite como sujeto titular de los derechos al individuo, considerado aisladamente, en nuestro modelo iberoamericano se postula como sujeto titular a la persona con su inevitable vínculo social, y a las sociedades (doméstica, civil, global) de las que aquélla participe. Se admite por esta vía a los pueblos como sujetos titulares de derechos. d) Finalmente, si en los modelos históricos de derechos humanos nacen con el modelo de Estado de Westfalia (1648), y sólo ofrecen garantías a sus ciudadanos, nuestro modelo alternativo nace con la apuesta de un orbe en el que se reconozcan universalmente los derechos de todos los seres humanos. Reaparece aquí la posición oscilante del modelo francés.

III. La evolución de un modelo Iberoamericano a Latinoamericano
Lo expuesto resume –introduciendo algunas modificaciones- trabajos ya publicados en la Revista Polis (2005) y Iepala (2009). A continuación, trataremos de mostrar desde tal polémico origen castellano de nuestro modelo iberoamericano de derechos humanos, su desarrollo histórico en los siglos posteriores a la Conquista. En aquéllos que se gestó la independencia de los países de América Latina y el Caribe, bajo la influencia del dubitativo modelo francés o de una versión latinoamericana del mismo. Esto último ya lo planteamos anteriormente, aunque nos interesa profundizar desde las cuatro diferencias entre el “individualismo posesivo” y el “personalismo comunicativo” recién aludidas, en las aportaciones de Simón Bolívar (1783-1830), José Martí (1853-1895) y José Carlos Mariátegui (1894-1930). Tres prohombres que nacen en América Latina y mueren por ella, y aunque sólo alcanzaron a vivir entre 47 y 36 años respectivamente, promovieron la independencia de todo un Continente y de las islas del Caribe.
1. Simón José Antonio de la Sma. Trinidad Bolívar y Palacios, “El Libertador”, cuyos ancestros provenían de Marquina, del señorío de Vizcaya, ya instalados en América en el s.XVI, nació en Caracas un 24 de julio el mismo año en que Gran Bretaña reconoce a Estados Unidos. Acaso este hecho, sumado a sus viajes a Europa y a su amistad con Francisco Miranda, le hicieron reconocer muy temprano los logros de EEUU y la capacidad bélica y marítima de Inglaterra, al punto que llega a solicitar su colaboración para obtener la independencia de la Gran Colombia (que incluía a Venezuela, Colombia y Ecuador) respecto a un decadente reino de Fernando VII, cautivo de Napoleón desde mayo de 1808.
1.a) Bolívar, que quedó huérfano a los 9 años y viudo a los 20, fue heredero de una considerable fortuna en tierras y propiedades urbanas, pero en los hechos empleó tales recursos para satisfacer lo que consideraba una necesidad de los criollos, de los indios y de los esclavos: la independencia respecto a una estructura colonial inequitativa. En sus discurso de La Angostura (15/feb/1819), propone a los Legisladores un reconocimiento a “Hombres que se han desprendido de todos los goces, de todos los bienes que antes poseían, como el producto de su virtud y talentos, hombres que han experimentado cuanto es cruel en una guerra horrorosa”… para conseguir alcanzar la libertad personal y comunitaria.
Son conocidas sus hazañas, propias de un estratega militar capaz de cruzar Los Andes, como lo había hecho José de San Martín en 1817 para independizar Chile, por un paso a 4000 mts. sobre el nivel del mar para liberar Santa Fe de Bogotá en 1819. Y no fueron menores sus dotes de estratega político cuando en Guayaquil el 26/jul/1822, logra que su proyecto de una federación de repúblicas americanas independientes desplace al de San Martín, que optaba por una monarquía constitucional al entender que el pueblo no estaba en condiciones de asumir un régimen democrático. A partir de esto, llegará a convocar en Panamá en 1826 un Congreso anfictiónico, en el que debían estar representadas todas las naciones independientes de América Latina, desde el Río Grande a Tierra de Fuego, “destinado a formar la liga más vasta, o más extraordinaria o más fuerte que ha aparecido hasta el día de hoy sobre la tierra”.
1.b) Su proyecto se oponía a un monarca o a un Leviatán, presuntos intérpretes de un derecho natural que se impone a los súbditos, por el contrario, se orienta a un gobierno cuyas leyes se produzcan de un modo consensual, como se produce el derecho de gentes: “Sólo la democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad; pero, ¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad, y permanencia?” (…) “Leyes han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres, y todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre. El hombre, al perder la libertad, decía Homero, pierde la mitad de su espíritu.”
Por tal espíritu de libertad en más de una oportunidad elogia el modo de organización política de los Estados Unidos, “pero, sea lo que fuere de este Gobierno con respecto a la Nación Americana, debo decir que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de los estados tan distintos como el Inglés Americano y el Americano Español.”
Propone una adecuación de las leyes a la idiosincrasia de un pueblo complejo: “no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles”. Por cuanto, amonesta desde lo concreto: “No aspiremos a lo imposible, no sea que por elevarnos sobre la región de la libertad, descendamos a la región de la tiranía (…) Teorías abstractas son las que producen la perniciosa idea de una libertad ilimitada.” Cabe recordar que para nuestro modelo, sólo si se admiten límites razonables al ejercicio de los derechos y libertades, estos podrán universalizarse.
Al Congreso de Panamá asistieron México, Centro América, Colombia y Perú; Chile y Bolivia llegaron tarde, Argentina y Paraguay desestimaron la invitación, Brasil y Haití no fueron invitados por hostigar a Uruguay u ocupar Santo Domingo respectivamente, y por no pertenecer a la América hispana; mas también hubo observadores de Gran Bretaña y de Estados Unidos, invitado este último a pesar de Bolívar. La propuesta de este Congreso hace evidente -a nuestro criterio- el posible complemento entre los modelos de derechos humanos Iberoamericano y Francés. Porque la superación del ancien regime en 1789 dejaba atrás la monarquía e instauraba la república francesa, aunque luego con Napoleón se autoproclamara emperador y provocara una reacción restauracionista de la monarquía en Europa.
1.c) De modo claro definió Bolívar: “La Santa Alianza sostiene a los tronos, a los reyes; nosotros a los pueblos, a las repúblicas”. “Yo no soy Napoleón ni quiero serlo; tampoco quiero imitar a César; aún menos a Iturbide. (…) El título de Libertador es superior a todos los que ha recibido el orgullo humano.” De este modo, en América Latina se habrían preservado los valores republicanos y democráticos de libertad, igualdad y fraternidad con mayor claridad y coherencia que en Europa.
En diferentes momentos renunció Bolívar a cargos políticos que le eran ofrecidos por sus hazañas militares, y realiza una apuesta por gobiernos parlamentarios: “En este momento el Jefe Supremo de la República no es más que un simple ciudadano; y tal quiere quedar hasta la muerte. Serviré, sin embargo, en la carrera de las armas mientras haya enemigos en Venezuela.”
Además, insiste en la importancia de la alternancia democrática: “Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía.” Es decir, frente a un modelo individualista de un poderoso Leviatán que se perpetúa en el tiempo, propone que el mismo sea ejercido alternativamente por diferentes personas que representen al pueblo en su pluralidad.
1.d) Son dignos de destacar dos gestos que pudieron permitir la reconstrucción de una Iberoamérica en libertad. Por un lado, la rebelión de Rafael del Riego y los liberales de Cádiz (1/1/1820) que se niegan a comandar una reconquista de las antiguas provincias americanas, acaso atendiendo las aportaciones el P. Félix Varela (1788-1853) enviado por Cuba a Cádiz, según me observa Walter Mondelo. Y por otro, el gesto magnánimo del Libertador de enviar el mismo año al científico Francisco Antonio Zea a entrevistarse con el duque de Frías, embajador de España en Londres, para proponerle la reconciliación entre España y las Repúblicas independientes de América. De un modo paternalista lo había planteado José de Acosta (1539-1600), al proponer que España otorgara la independencia a los territorios de ultramar cuando éstos alcanzaren las condiciones de emanciparse. Con esta propuesta, que no llegó a ser aceptada desde una perspectiva eurocéntrica, América Latina habría sido más fiel que España en la evolución de aquel modelo iberoamericano surgido en las disputas de Valladolid y Salamanca. Porque la acción comunicativa requiere o promueve la simetría o reconocimiento de la igualdad entre los comunicantes, y el patrón de igualdad lo otorga el grado de libertad de los mismos.
De este modo, Bolívar apuesta por superar el esquema de Estados individualizados y enfrentados entre sí, por una comunidad internacional de todas las repúblicas del orbe, que –como decía Vitoria- en cierto modo es otra república. Su estrategia comienza por una comunidad regional de repúblicas libres, anticipándose en más de un siglo a la propuesta de una comunidad regional europea. Su tendencia universalista se expresa en el modo de concebir los derechos, no exenta de cierto realismo que reconoce a la ves la igualdad y la diferencia: “Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud y no todos la practican…”
2. José Julián Martí y Pérez, “El apóstol”, nació en La Habana el 28 de enero de 1853, en el seno de una familia humilde: padre valenciano y madre canaria. A temprana edad manifestó una particular percepción poética y revolucionaria, que llegará a expresarse en una serie de poemas a sus hijos o al esplendor de la naturaleza, dotados de una fuerza no menor que aquélla con la que emprendió tres intentos de liberar Cuba. Por esta veta libertaria fue condenado a sus 16 años a trabajos forzosos, conmutados por un primera expulsión a España (1871-4), hubo otra, hasta que en su última hazaña muriera combatiendo contra el ejército español un 19 de mayo de 1985.
2.a) En la vida y obra de Martí queda claro su aprecio por comunicar la libertad ya desde las armas, ya desde la poesía (“la verdad ha de darse al hombre envuelta en mieles”) y su poco aprecio a las propiedades. Así, comienza “Nuestra América” quizá su principal ensayo: “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde… o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima”. Advierte de este modo la ingenuidad o mala fe de quienes sólo por enriquecerse o gozar de una parcela de poder, son incapaces de percibir la injusticia estructural de la “aldea global”.
Por el contrario, la opción estratégica de El Apóstol se manifiesta en sus conocidos “Versos sencillos” (1891): “con los pobres de la tierra/ quiero yo mi suerte echar…” (III) “Yo sé de un pesar profundo/Entre las penas sin nombre:/¡La esclavitud de los hombres/Es la gran pena del mundo!” (XXXIV). Versos escritos en 1881, cuando acudió como delegado de Uruguay a la Conferencia Monetaria Internacional. Respecto a tal contexto describe: “Fue aquel invierno de angustia, en que por ignorancia, o por fe fanática, o por miedo, o por cortesía, se reunieron en Washington, bajo el ala temible, los pueblos hispanoamericanos”. Cabe recordar aquí, para contrastar, el malogrado Congreso anfictiónico convocado por Bolívar once lustros antes.
Mas para dejar en sus justos términos la preferencia por la libertad comunicada frente a las properties, cabe señalar sus advertencias para realizar lo que él llamara “guerra culta”: “En cuanto a las propiedades, se respetarán todas aquéllas que nos respeten, y sólo se destruirán, después de anuncios reiterados y de la prueba completa de su hostilidad, aquéllas de que se sirva o asile habitualmente el enemigo, o alberguen al cubano que hace armas contra la Revolución...”
2.b) Con la referencia a la “guerra culta”, comenzamos a encontrar argumentos respecto a la importancia del consenso –propio del derecho de gentes- frente a decisiones unilaterales –caras a los intérpretes del derecho natural-. Se ha señalado que esta doctrina martiana póstuma, escrita veintiún días antes de su muerte desde el Cuartel General del Ejército Libertador, como una Circular, denominada “Política de Guerra”, puede considerarse un antecedente del Derecho Internacional Humanitario que surgirá de los Convenios de Ginebra de 1949: “…La guerra debe ser sinceramente generosa, libre de todo acto de violencia innecesaria contra personas y propiedades, y de toda demostración o indicación de odio al español.”
Por nuestra parte, consideramos que el poeta cubano, que había obtenido las licenciaturas en Derecho y en Filosofía y Letras en España (1871-74), propone límites al ejercicio del ius puniendi en el mismo sentido que los propusiera Francisco de Vitoria en su Relectio De iure belli, encontrando de este modo una línea argumental que legitima ciertos conflictos. Con esto rectifica y completa la conocida crítica a toda guerra incluida en “El crimen de la guerra” del jurista argentino Juan Bautista Alberdi (1810-1884), quien alude a los conflictos legitimados por Hugo Grocio citado 36 veces, mientras que Vitoria no es mencionado: “¿Qué extraño es que Grocio, el verdadero creador del derecho de gentes moderno, haya desconocido el fundamento racional del derecho de la guerra?”, y en un giro realista, sostiene que tal fundamento es el comercio tan difundido en la Holanda de Grocio. “Pero este es el arte militar de Adam Smith y de Grocio (…) El poder militar de una nación reside todo entero en sus finanzas.” Dicho de otro modo: Martí y Alberdi pueden considerarse pensadores que hicieron evolucionar el modelo iberoamericano de derechos humanos en lo relativo a conflictos armados, el primero en cuanto sintoniza con Vitoria, el segundo en cuanto critica a Grocio.
Puede sorprender que empleemos argumentos relativos a la guerra para destacar la importancia del derecho al consenso, defendido en este caso por Martí, cuando un conflicto armado parece ser la negación de toda acción comunicativa. Sin embargo, el mismo Vitoria que proponía como principal traducción del derecho de gentes al ius communicationis, reserva como última instancia y garantía del mismo al iure belli. Mas, si aún en un contexto de conflicto se está dispuesto a fijar límites a la propia acción armada para respetar los derechos del enemigo herido, o de la población civil presuntamente neutral, cuánto más se tendrá en cuenta los derechos del otro en contexto de paz: “A los cubanos tímidos y a los que más por cobardía que por maldad, protesten contra la Revolución, se les responderá con energía a las ideas, pero no se les lastimarán las personas (…) A los prisioneros, en términos de prudencia, se les devolverá vivos y agradecidos.”
2.c) Respecto a la primacía de cada persona y sus pueblos como sujetos titulares de derecho, opuesta a la concepción que sólo admita a los individuos como tales, cabe el riesgo de una interpretación colectivista, conforme a la cual se perderían los perfiles de identidad de cada persona subsumida en la del pueblo o comunidad de la que participe. Sin embargo, y continuando con el discurso sobre la guerra, para analizar casos límite, habrá que ver la importancia de distinguir responsabilidades de cada cual, sin caer en descalificaciones colectivas: “Con quien ha de ser inexorable la guerra, luego de probarse inútilmente la tentativa de atraerlo, es con el enemigo, español o cubano, que preste servicio activo contra la Revolución. Al español neutral, se le tratará con benignidad, aun cuando no sea efectivo su servicio a la Revolución.”
Con anterioridad, en el “Manifiesto de Montecristi” (El Partido Revolucionario Cubano a Cuba) había dicho: “…La guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganen, podrá gozar respetado, y aún amado, de la libertad que sólo arrollará a los que le salgan, imprevisores, al camino…”
Y confirmando su aprecio a la cultura española, en los mismos versos (X) describe con entusiasmo un cante y baile flamencos: “Preludian, baja la luz,/Y sale en bata y mantón,/La virgen de la Asunción/Bailando un baile andaluz. (…) El cuerpo cede y ondea;/La boca abierta y provoca;/Es una rosa la boca:/Lentamente taconea.”
2.d) Finalmente, respecto al universalismo de la gesta revolucionaria de Martí, que ya se anticipaba en su preferencia por “los pobres (o los esclavos) de la tierra”, se visualiza en los fines políticos de la misma: “Las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república.”
Pero esta apuesta por un pluralismo universalista, no pretende negar la importancia de lo particular de cada cultura. En otro fragmento de “Nuestra América” denota cierta influencia de Rousseau y supera cierta dicotomía maniquea que perfilaba el que fuera presidente argentino (1868-74) Domingo Faustino Sarmiento entre la civilización (europea) y la barbarie (autóctona) en su Facundo (1845). “El libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. (…) El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico.-dice Martí- No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre falsa erudición y la naturaleza.”
Mas para no quedar preso de una visión romántica del mestizo autóctono, lo describe con trazos que demuestran su profundo conocimiento de la idiosincrasia nativa: “El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras ésta no se valga de su sumisión para dañarle, o le ofenda prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés.”
Y superando los prejuicios y doctrinas de la discriminación, realiza un canto a la unidad dentro de lo diverso de la humanidad, y desde su autoridad de hombre de acción critica teorías librescas y anticipa la condena a los crímenes de lesa humanidad: “No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la Naturaleza, donde resalta en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas.”
3. José Carlos Mariátegui La Chira nació en Lima, el 14 de agosto de 1894 en el seno de una familia acaudalada. A edad escolar sufrió un accidente en la escuela (1902) lo que le dejó secuelas al punto que debieron amputarle una pierna en México 1926 y la misma dolencia le provocará su temprana muerte el 16 de abril de 1930. A diferencia de Bolívar y Martí, no le tocó participar en acciones bélicas declaradas, ni luchar por la primera independencia, la política, sino más bien por la segunda, la independencia económica, de su país natal y de Latinoamérica.
Su pertenencia al modelo iberoamericano de derechos humanos puede parecer más discutible, en cuanto asume como método de análisis de la historia al marxismo. Porque es conocida la distancia crítica que asume Marx respecto a los derechos humanos, aunque cabe la sospecha de que tal distancia se expresara respecto al modelo angloamericano del “individualismo posesivo”. Además, así como P. Singer encuentra una ética tácita en el marxismo centrada en el valor de la justicia social, podríamos encontrar en el socialismo científico un tácito modelo de derechos humanos fundado en un “colectivismo productivo”, para el que el sujeto titular de los derechos sería la clase obrera o el proletariado y su principal derecho sería el derecho al trabajo, pórtico de los derechos sociales que le son anejos.
A partir de esta advertencia, nos interesa analizar si en las cuatro diferencias entre los modelos anglo y latinoamericano que venimos señalando, es posible encontrar espacios de diálogo entre el “personalismo comunicativo” y el pensamiento marxista, particularmente en la versión latinoamericana que de él nos ofrece Mariátegui. Aunque ésta le haya valido la crítica de la ortodoxia leninista que le acusa de “una formación insuficiente”, por haberse contaminado por Croce, Sorel y Bergson, durante su estadía en Italia (1919-1923) a la que fue becado, como en una deportación encubierta, por el gobierno de Leguía.
3.a) La crítica a la propiedad privada como principal derecho, se expresa en el segundo problema que plantea en una de sus obras cumbres: Siete Ensayos sobre la realidad peruana, (publicados en su revista Amauta (en quichua: maestro) entre 1926 y 1928 y como libro recién entonces), donde presenta como pórtico: el problema del indio y el problema de la tierra. Éste deriva: “De la economía colonial -colonial desde sus raíces- cuyo proceso no ha terminado todavía.” Por lo que se propone examinar críticamente “los lineamientos de una segunda etapa… en que una economía feudal deviene, poco a poco, economía burguesa”. Por el contrario, tal problema no existía con la tenencia de tierras en régimen comunitario: “Hasta la Conquista se desenvolvió en el Perú una economía que brotaba espontánea y libremente del suelo y la gente peruanos. En el Imperio de los Inkas, agrupación de comunas agrícolas y sedentarias, lo más interesante era la economía. (…) el pueblo inkaico -laborioso, disciplinado, panteísta y sencillo- vivía con bienestar material. Las subsistencias abundaban; la población crecía.” Esta descripción coincide con la afirmación con que Vitoria comienza sus Relecciones De indis (1532): “Vivían ellos pública y privadamente en pacífica posesión de sus bienes.”
Luego desde esta perspectiva, el ejercicio del derecho a la comunicación parece circunscribirse a los bienes, lo que a su vez se expresa en términos de conflicto cuyo objetivo es recuperar la libertad a través de la productividad en un régimen que supere la esclavitud y el feudalismo: “En la lucha de clases, donde residen todos los elementos de lo sublime y lo heroico de su ascensión, el proletariado debe elevarse a una `moral de productores´, muy distante y muy distinta de la `moral de esclavos´” 99
En uno de sus ensayos más sugestivos: El proceso de la instrucción pública, Mariátegui, diagnostica que la educación peruana (o Latinoamericana) es resultado de “la herencia española, la influencia francesa y la influencia norteamericana. Pero sólo la española logra en su tiempo un dominio completo. Las otras dos se insertan mediocremente en el cuadro español, sin alterar demasiado sus líneas fundamentales”.
España habría legado un concepto aristocrático, literario y eclesiástico de la educación propio de unos conquistadores que despreciando el trabajo manual pretendían aprovecharse del trabajo ajeno, y de unos frailes que inicialmente sólo pretendían poner límites humanizadores a tal explotación. Acaso por la poca eficacia de sus denuncias, Mariátegui destaca la importancia excepcional del “vasto experimento de los jesuitas en el Paraguay, donde tan hábilmente aprovecharon y explotaron la tendencia natural de los indígenas al comunismo.” Sin embargo, le interesa diferenciarse de Las Casas y los otros evangelizadores: “No nos contentamos con reivindicar el derecho del indio a la educación, a la cultura, al progreso, al amor y al cielo. Comenzamos por reivindicar, categóricamente, su derecho a la tierra. Esta reivindicación perfectamente materialista, debería bastar para que no se nos confundiese con los herederos o repetidores del verbo evangélico del gran fraile español, a quien, de otra parte, tanto materialismo no nos impide admirar y estimar fervorosamente.”
La herencia española puede entenderse tanto por lo que legó a la América hispana, como también por lo que heredó de su pasado, Maríategui cita a César A. Ugarte -en su Bosquejo de la Historia Económica del Perú- “La sicología del pueblo español del siglo XVI no era la más apropiada para el desenvolvimiento económico de una tierra abrupta e inexplorada. Pueblo guerrero y caballeresco, que acababa de salir de ocho siglos de lucha por la reconquista de su suelo y que se hallaba en pleno proceso de unificación política, carecía en el siglo XVI de las virtudes económicas, especialmente de la constancia para el trabajo y del espíritu del ahorro.”
La influencia francesa llegó con la República, pero en materia educativa reiteró dos aspectos de la herencia española. Primero en cuanto a los educandos: “Cuando en sus programas de instrucción pública el Estado se refiere a los indios, no se refiere a ellos como a peruanos iguales a todos los demás. Los considera como una raza inferior. La República no se diferencia en este terreno del Virreinato.” La educación continuaba siendo un privilegio de la clase dominante. En segundo lugar, y en consecuencia, en cuanto a su orientación: continúa el desprecio al trabajo agrícola e industrial, Mariátegui buscando la confesión de parte, cita a Herriot en Crear: primero estuvo “Condorcet (que) reclamaba para todos los ciudadanos todas las posibilidades de instrucción, la gratuidad de todos los grados, la triple cultura de las facultades físicas, intelectuales y morales". Pero luego vino “Napoleón (que) se ocupó sobre todo de la enseñanza secundaria que debía darle a sus funcionarios y oficiales”. Como resultado de tales orientaciones educativas: “El francés ama la idea general sin saber siempre lo que entiende por ese término. Nuestra prensa, nuestra elocuencia, se nutren de lugares comunes".
La influencia norteamericana y anglosajona es la que propone en 1920 la reforma educativa peruana del demo-liberal Dr. M.Villarán, una enseñanza más afín a las culturas protestantes donde se desarrollara el capitalismo. Coincidiendo en el diagnóstico sobre lo heredado: “Los colonos españoles venían a buscar la riqueza fácil, ya formada, descubierta, que se obtiene sin la doble pena del trabajo y el ahorro, esa riqueza que es la apetecida por el aventurero, por el noble, por el soldado, por el soberano. Y en fin, ¿para qué trabajar si no era necesario? ¿No estaban allí los indios? ¿No eran numerosos, mansos, diligentes, sobrios, acostumbrados a la tierra y al clima? Tenemos, pues, por raza y nacimiento, el desdén al trabajo, el amor a la adquisición del dinero sin esfuerzo propio, la afición a la ociosidad agradable, el gusto a las fiestas y la tendencia al derroche"? (…) ” Sin identificarse con la propuesta, Mariátegui apostilla: “Los Estados Unidos, son la obra del pioneer, el puritano y el judío, espíritus poseídos de una poderosa voluntad de potencia y orientados además hacia fines utilitarios y prácticos”.
Cabe entonces una lectura genealógica de nuestros modelos de derechos humanos: en el angloamericano no se respetó al indio ni a su tierra porque eran los propios pioneers los que estaban dispuestos a trabajarla; en cambio, en el iberoamericano no se exterminó totalmente a los indios porque se los necesitaba como mano de obra. A esto habría que agregar un elemento común: tanto desde el Norte, por el propio modelo productivo, como desde el Sur porque se proponían límites ético-jurídicos a la explotación del indio, se atacó al África sur-sahariana para esclavizar a sus habitantes más saludables, situación que aún hoy continúa sin que reciba una restitución internacional suficiente para tales pueblos. Hay otro elemento de diferencia, respecto a las dos versiones del cristianismo exportado de Europa a América, que veremos en 3.c).
3.b) A partir de tal diagnóstico, y con respecto a los derechos emergentes del consenso, cabe destacar por qué si coincide con el diagnóstico de Villarán, Mariátegui considera insuficiente la propuesta de una democracia liberal. “No es posible democratizar la enseñanza de un país sin democratizar su economía y sin democratizar, por ende, su superestructura política.” En consecuencia con ello, regresado de Italia donde había visto la emergencia del fascismo como producto de las desavenencias de la izquierda, tras un breve encarcelamiento, organiza en 1923 la Confederación General de Trabajadores del Perú y en 1926 el Partido Socialista del Perú, inspirado en su famosa expresión de que el socialismo en América Latina no podía ser “calco ni copia” del nacido en Europa, sino una “creación heroica”, un modelo alternativo.
Con la diferencia de un siglo, Mariátegui parece escéptico respecto a los beneficios de la democracia liberal vistos por Bolívar, (aunque cabe recordar que propio El Liberador debió ejercer dictadura ante la compleja y dubitativa población peruana, que había llegado a desalentar al mismo San Martín): “Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene en sus objetivos y en su doctrina de la revolución proletaria. El partido del proletariado, capacitado por la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa, realiza en esta etapa las tareas de la organización y defensa del orden socialista.”
Para entonces, se conocían las Tesis de Abril (1917) de Lenin y el debate de la revolución permanente, quien había enfatizado en el concepto de dictadura del proletariado en el II Congreso de la III Internacional de cuyo Consejo General de la Liga contra el Imperialismo, Mariátegui llegó a ser miembro. Dentro de este estrecho marco de consenso, Mariátegui define al PSP como: “La organización de los obreros y campesinos, con carácter netamente clasista, (que) constituye el objeto de nuestro esfuerzo y nuestra propaganda y la base de la lucha contra el imperialismo extranjero y la burguesía nacional.” Esto le supuso una ruptura con la III Internacional que insistía en el carácter meramente obrero del partido, mientras Mariátegui proponía una autonomía para las comunidades quechuas y aymaras, incluidas en el colectivo de campesinos. Al morir su fundador, el PSP regresa a la disciplina con la Internacional, y pasa a llamarse Partido Comunista del Perú.
3.c) En esta cuestión también hay mayor coincidencia en la crítica o pars destruens respecto al individualismo, que en la construens o propuesta alternativa: “El carácter individualista de la legislación de la República ha favorecido, incuestionablemente, la absorción de la propiedad indígena por el latifundismo. La situación del indio, a este respecto, estaba contemplada con mayor realismo por la legislación española.”
Podría entenderse que la superación del individualismo supone recuperar a un colectivo: el indígena; que Mariátegui entendía como parte medular de un colectivo mayor: el proletariado. “La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administración o policía, con métodos de enseñanza o con obras de vialidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la feudalidad de los "gamonales" (institución a la vez feudal y burocrática). La experiencia de todos los países que han salido de su evo feudal, nos demuestra, por otra parte, que sin la disolución del feudo no ha podido funcionar, en ninguna parte, un derecho liberal.”
Con tan coherente materialismo, parecería constreñido a una visión colectivista poca propensa a admitir la libertad de cada persona o la conveniencia de una comunicación intersubjetiva, personal o comunitaria. Sin embargo, también encontramos en Mariátegui al escritor y crítico literario que –en el séptimo de sus ensayos- toma en cuenta la singularidad de una persona, para entender mejor a las comunidades de las que pudo participar: “Garcilaso, sobre todo, es una figura solitaria en la literatura de la Colonia. En Garcilaso se dan la mano dos edades, dos culturas. Pero Garcilaso es más inka que conquistador, más quechua que español. Es, también, un caso de excepción.”
Cabe considerar aquí, la segunda diferencia entre los procesos colonizadores del Norte y de Sur de América, en paralelo con sendas versiones del cristianismo. Mariátegui comienza su ensayo sobre “El factor religioso” con este diagnóstico: “Han tramontado definitivamente los tiempos de apriorismo anticlerical, en que la crítica "librepensadora" se contentaba con una estéril y sumaria ejecución de todos los dogmas e iglesias, a favor del dogma y la iglesia de un "libre pensamiento" ortodoxamente ateo, laico y racionalista. El concepto de religión ha crecido en extensión y profundidad. No reduce ya la religión a una iglesia y un rito.”
El individualismo posesivo tendría –además de su referencia al iusnaturalismo inglés del s.XVII- un origen religioso, en el pioneer, el puritano y el judío según la lectura de Waldo Frank, a quien Mariátegui cita: "El puritano había comenzado por desear el poder en Inglaterra: este deseo lo había impulsado hacia la austeridad, de la cual había pronto descubierto las dulzuras. He aquí que descubría luego un poder sobre sí mismo, sobre los otros, sobre el mundo tangible.” Del judío, nada añade, mas sabemos que había sido expulsado no sólo de España. Pero sí completa Mariátegui, orgulloso del pasado Inka y acaso del Azteka y del Maya: “El colonizador anglosajón no encontró en el territorio norteamericano ni una cultura avanzada ni una población potente. El cristianismo y su disciplina no tuvieron, por ende, en Norteamérica una misión evangelizadora”
El personalismo comunicativo también bebería –junto al iusgentismo salmantino del s.XVI- del cristianismo, pero en aquella versión que admite la tradición patrística. “El factor religioso ofrece, en estos pueblos, aspectos más complejos. El culto católico se superpuso a los ritos indígenas, sin absorberlos más que a medias. El estudio del sentimiento religioso en la América española tiene, por consiguiente, que partir de los cultos encontrados por los conquistadores. La labor no es fácil –evalúa Mariátegui- (….) Uno de los más singulares ritos mexicanos -el que revela que en México se conocía y aplicaba la idea de la transubstanciación- era para los españoles una simple treta del demonio.” Sin embargo, el Fraile Servando Teresa de Mier (12/dic/1794), se sirvió de él para sostener que aún antes de Colón, el apóstol Tomás –uno de los doce- que era el mismo Quetzalcóalt, había evangelizado América. Lo afirmaba acaso para que funcionara como mito independentista que pudiera neutralizar al del español y su apóstol Santiago, cabe recordar aquí el título otorgado a Martí.
3.d) La diferencia entre los alcances universales o estatales de los derechos humanos, también podría explicarse por sendas interpretaciones del cristianismo: las Iglesias reformadas que surgen en el seno de determinados Estados modernos ponen el énfasis en la creencia individual, y no se ve compelida a evangelizar a los indios. Por el contrario: “El misionero debía catequizar en México, el Perú, Colombia, Centroamérica, a una numerosa población, con instituciones y prácticas religiosas arraigadas y propias.”
Esta segunda versión del cristianismo con su opción por expandir universalmente su doctrina y correspondiente praxis, se muestra plenamente coincidente con el marxismo, también o principalmente con el de Mariátegui porque insiste en la inclusión de la población indígena. La diferencia estará en el énfasis que se asigne a la cuestión económica.
Pero se trata de un universalismo que no niegue las particularidades de las regiones que lo integren, lo que en una escala estatal se formula como la confrontación entre el centralismo y el federalismo. Al respecto, Mariátegui coherente con lo ya dicho afirma en otro ensayo: “Uno de los vicios de nuestra organización política es, ciertamente, su centralismo. Pero la solución no reside en un federalismo de raíz e inspiración feudales. Nuestra organización política y económica necesita ser íntegramente revisada y transformada.”
Por cuanto, pese a criticarlo como político conservador que no fue capaz de proponer oportunas reformas constitucionales, Mariátegui admite el discurso de Nicolás de Piérola: "Nuestra diversidad de razas, lenguas, clima y territorio, no menos que el alejamiento entre nuestros centros de población, reclaman desde luego, como medio de satisfacer nuestras necesidades de hoy y de mañana, el establecimiento de la forma federativa; pero en las condiciones aconsejadas por la experiencia de ese régimen en pueblos semejantes al nuestro y por las peculiares del Perú".

Conclusiones.
Después de analizar la diferencia entre los modelos históricos de derechos humanos, particularmente el angloamericano, respecto al iberoamericano, y de evaluar en un segundo momento las posibles aportaciones al mismo de Bolívar, Martí y Mariátegui, conviene extractar las notas que mejor definen a nuestro modelo alternativo, considerando diez consecuencias de las cuatro diferencias ya analizadas.
Si el derecho a la comunicación es el derecho por antonomasia, no es de extrañar que el consenso sea el método a través del cual se pretenda reconocer y garantizar –con refuerzo coercitivo- a todos los demás derechos. Por el contrario, resulta tautológico que si se concibe a la propiedad privada como el paradigma de los demás derechos, y el mismo es un derecho natural, no parece que sea necesario el consenso.
Si cupiera hablar de un derecho natural en el modelo iberoamericano, éste se podría identificar con las tres reglas de oro de los romanos: no dañar, dar a cada cual lo suyo y vivir honestamente. Pero entendemos que no es necesario, porque el mismo concepto de comunicación subsume de algún modo estas tres reglas: porque un insulto, una amenaza o una agresión, no son propiamente comunicativas; por el contrario, suponen la ruptura de una comunicación, en el mejor de los casos para reestablecerla en otros términos más equitativos en el futuro. Si la anterior regla es negativa, la de dar a cada cual lo suyo, es positiva; ésta supone la acción comunicativa mientras que aquella le fija ciertos límites. Y la tercera, es un resumen de ambas, admitiendo la posibilidad del silencio o un modo de comunicación del sujeto consigo mismo.
El hecho de que el ser humano sea capaz de comunicarse en el sentido expuesto nos permite concebirlo como persona, y como tal, dotado de lo necesario para participar en comunidades: de dos o más personas, hasta el orbe o comunidad internacional, incluyendo en ésta a los diferentes pueblos entendidos como comunidades con las que se comparte la lengua, y otros elementos del ethos cultural, según G.Risco Fernández.
El hecho de que la comunicación connote posibles límites: no dañar a otro, reconocerle sus derechos y hacerlo honestamente, se trasladan tales límites a todos los demás derechos que puedan inferirse como modos de ejercicio comunicativo: es decir, todos los derechos humanos admiten límites en su ejercicio, o son derrotables –conforme a la expresión analizada por A.García Figueroa-. Y es esta condición de límite la que permite que puedan ser propuestos como universalizables. Es decir, pueden predicarse de todas las personas, de todos los pueblos y –de un modo extensivo o analógico- de todo el ecosistema, ya que actúan como condición de posibilidad para la existencia de aquéllos. Así, sólo si se limitan los derechos a la propiedad y al lucro es posible pensar que cada persona o pueblo dispongan de lo necesario para vivir.
Por el hecho de que la comunicación suponga la interacción entre sujetos dotados de vida, libertad y dignidad, se podrá entender que tales son objetos prioritarios a garantizar y promover en el ejercicio de toda acción comunicativa. Por cuanto, de la axialidad de tales derechos se infiere el derecho al pluralismo, desde las más elementales funciones biológicas de la biodiversidad, hasta el pluralismo de cosmovisiones e ideologías, en cuanto las mismas sean expresión del derecho a la comunicación expuesto anteriormente (2.). Conforme a lo cual tienen cabida desde el respeto por el ecosistema hasta el diálogo de civilizaciones.
Del hecho de que el pluralismo se infiera de los derechos a la comunicación, la vida, la libertad y la dignidad, pueden derivar el derecho a la igualdad en la diferencia, o el derecho a no ser discriminado que se expresa en el derecho al trato simétrico y recíproco, conforme al cual corresponde restituir a quienes se hubiera vulnerado sus derechos en el pasado, piénsese en el caso de África sur-sahariana. Como también corresponde sancionar con la menor vulneración posible de sus derechos, a quienes hubieran atentado contra los de terceros, es el caso de la guerra culta propuesta por Martí para liberar Cuba, cuyo cabal ejemplo es el alzamiento zapatista contra el neoliberalismo. (01/01/94).
La historia de América Latina la muestra como heredera de los modos de convivencia y modelos productivos precolombinos y de los modelos de derechos humanos nacidos en España y Francia. Con el beneficio añadido de que la distancia del convulso espacio europeo, hizo posible que sus pueblos lograran su independencia política generando repúblicas, por obra de exesclavos como en Haití 1804, o de libertadores como Bolívar o San Martín, (aunque también hubieron epígonos de Napoleón en Iturbide y otros). Y que desde tal libertad conquistada se intentara restablecer la comunicación en términos de simetría con quienes antes les trataron como colonias.
Además de la independencia política, cabe reconocer una segunda independencia, la económica, tempranamente alcanzada por Paraguay en s.XIX lo que provocó la reacción del Foreing Office Británico y por Cuba a mediados del XX lo que generó el bloqueo desde EEUU. En ambos casos, para mantener tal independencia se produjo una postergación o sacrificio de la democracia representativa o participativa.
Recientemente se ha planteado la necesidad de una tercera independencia (J.M. Medem, 2009), la de los ciudadanos para ejercer su cuota de soberanía popular ya directamente en la democracia participativa, ya indirectamente en las democracias representativas. Para la misma, es necesario el reconocimiento del derecho a la libertad de conciencia, reconocido –por L.Prieto Sanchís- como la norma de clausura del sistema de libertades en la actual constitución española, y que está presente en prácticamente todas las constituciones latinoamericanas.
Finalmente, considerando la lectura genealógica de los derechos propuesta por Mariátegui, cabría añadir el derecho al trabajo digno y a la tenencia de la tierra, como inferencias del derecho a la comunicación, junto con el derecho al comercio, a la migración… conforme a la interpretación de L.Ferrajoli. Cabe destacar que de los tres mandamientos del Popol Vuh: no mientas, no robes, no seas ocioso; los dos primeros coinciden con los de las reglas de oro dotándoles de mayor concreción, y el último parece identificar vivir honestamente con el trabajar dignamente.
En síntesis: si los tres modelos históricos de derechos humanos surgen tributarios del capitalismo que genera estructuras de dependencia, el modelo iberoamericano ofrece espacios de diálogo al socialismo en cuanto pugne por espacios de liberación en los tres niveles: político, económico y personal.



Bibliografía

FERRAJOLI, L.: Derechos y Garantías. La Ley del más débil, Ed. Trotta, Madrid, 1999.
http://es.wikipedia.org/wiki/John_Lynch" o "John Lynch" LYNCH J.: Simón Bolívar, Crítica, Barcelona, 2006
MacPHERSON, C.B.: La teoría política del individualismo posesivo, Fontanella, Barcelona, 1979.
MARIÁTEGUI, J.C.: http://es.wikipedia.org/wiki/7_ensayos_de_interpretaci%C3%B3n_de_la_realidad_peruana o "7 ensayos de interpretación de la realidad peruana" 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, en Obras completas, Vol. 2. Ed. Amauta, Lima, 1979.
MARTÍ, J.: Nuestra América y Versos sencillos en Obras Completas. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963-1973.
MORSE, R.: El Espejo de Próspero: Un estudio de la Dialéctica del Nuevo Mundo, Ed. siglo XXI, Bs. As., Méjico, 1982.
TOMÁS y VALIENTE, F.: La España de Felipe IV, Introducción, en Historia de España, XLVIII, Espasa Calpe, Madrid, 1982.
VITORIA, F. de: Obras, Ed. crítica del texto latino, P.T. Urdánoz, BAC, Madrid1960.

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Presentación de "Materia", de Marcelo Morales (Cuba)


Jueves 4 de marzo, a las 11 am, se presentará el libro Materia, de Marcelo Morales que otuviera el premio de la Unión de Escritores el pasado año. 
La presentación estará a cargo de Ricardo Alberto Pérez.

Torre de Letras
(Azotea del Palacio del Segundo Cabo, Habana Vieja)
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Arte y política / Por Emilio Ichikawa

Texto inédito enviado por su autor

En un brillante parrafito de su novela El péndulo de Foucault, un personaje de Umberto Eco razona: “Si ponemos un móvil en un medio vacío, con rozamiento nulo, y le imprimimos un impulso, este se moverá al infinito por toda la eternidad”. E inmediatamente agrega lo que esto significa: “Nunca sucederá, pero es verdadero”.

Esto es lo que el historiador cubano Javier Figueroa, radicado en Puerto Rico, trató hace un tiempo de aplicar al campo de los estudios cubanos en términos de “historia contrafactual”. Es decir, poner a funcionar todo aquello que en lo cubano, sin “existir”, es verdadero o tiene fuerza de tal: los vacíos, los errores y aún las mentiras históricas, los mitos, los “no sucedidos”… Esto es algo esencial porque en Cuba, además de padecer una carencia de noticias, hay una ausencia de método. Y todo esto en el fondo obedece a una debilidad ontológica, a una historia más “existente” que real. Lo cubano es poco Ser y mucho “aserito”. La página más significativa de Martí está fechada en su Diario un 6 de mayo. Y está perdida.

Si uno revisa la historia efectiva de la filosofía, la ciencia y al arte, podrá verificar que estas actividades (oficios) han estado vinculadas a los poderes mundanos: políticos, económicos y militares. Es más, los han pretendido sistemáticamente. Sucedió en Atenas, en Roma, en Florencia, en Moscú, en Buenos Aires… Y sin embargo, los cubanos insistimos en que esto no pasa en Miami ni en La Habana; no paramos de asegurar, por ejemplo, que el arte nada tiene que ver con la política.

La pregunta entonces es esta: Bueno, si el arte siempre ha tenido que ver con la política, ¿quién inventó lo contrario? Porque de algún sitio ha tenido que salir.

Y esto es lo curioso. La defensa de la asepsia del artista, específicamente del músico, es una repetición extemporánea de la concepción heroica del genio, que se puede encontrar codificada en las Cartas sobre la educación estética del hombre (1794-95), de Friedrich Schiller. En este documento el genio del arte se describe como un niño, poseedor de una gracia o don no aprendido sino simplemente regalado. Ungido (que es como Gabriela Mistral llamaba a Martí: “El ungido”). Un ser de esta naturaleza tan pura y desinteresada, se comprende, nada tiene que ver con los poderes prosaicos, con la política. Hasta los bandidos de Schiller llegaron a tener algo de esta santidad.

La pregunta es entonces: ¿Aplican creadores como Silvio Rodríguez, Paulo FG, Juan Formell u Omara Portuondo para esta categoría? Claro que no. Obvio que cuando tratamos con estos artistas nos rebajamos a otro tipo de dimensión. Pero tampoco se trata de ellos sino de los tiempos; más de lo ideal que de lo existente. Y, sobre todo, de la forma en que miramos “lo que hay”, “eso que anda”.

Concluyendo: La ley física inicial quedaría traducida más o menos así: “Si ponemos a Juanes en un escenario habanero controlado por la Seguridad del Estado a cantar por la Paz, este podrá actuar toda la tarde a su antojo sin consecuencias políticas. Puede suceder, pero no es verdadero”.

Emilio Ichikawa Morín
Noviembre-2009


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Taswir / Islam y la Modernidad: Cartografía pictórica


Islam y la Modernidad: Cartografía pictórica, 5 nov. 2009 - 18 en. 2010, Martin-Gropius-Bau, Berlin. Inauguración: 4 nov., 19:00 hs


Pat Binder " Dr. Gerhard Haupt
Heilbronner Str. 3
D - 10779 Berlin
info@universes-in-universe.org



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La poeta Jamila Medina se presentó en la Torre de Letras este jueves 12 de noviembre

La poeta Jamila Medina se presentó en la Torre de Letras este jueves 12 de noviembre.

Torre de Letras (Palacio del Segundo Cabo, Azotea)

Anunciamos a nuestros lectores que pronto tendremos una muestra de su en nuestra página poesía en Archivo Virtual, en la sección "Escritos".


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Café Bar Emiliana / Acción poética y tertulia


Viernes 16 de octubre, 2009


Patio del Palacio del Segundo Cabo (frente a la Plaza de Armas)


Programa


3 a 3.45 pm

Acción poética (Plaza de Armas y sus alrededores): Susurrar Poesía de Nuestra Lengua.


4 a 6 pm

- Lizabel Mónica, poeta, ensayista, narradora: Poemas del libro inédito "El arte de aprender a alejarse".

***
- Mercedes Melo, narradora, poeta: “Que le corten la cabeza”, cuentos breves, cuaderno inédito.

***
-Soleida Ríos, poeta, conductora de c.b. emiliana): La Página indiscreta ( 8)

***

Yolo Bonilla (compositor e intérprete) y músicos acompañantes: Con Cierto Sentido


Instituto Cubano del Libro

Notas al programa


Notas al programa Café Bar Emiliana, 16 de 0ctubre 2009.

La primera parte del programa, 3 a 3.45 pm, una nueva experiencia promocional (ACCIÓN POÉTICA): Susurrar poemas en la calle: poesía de nuestra lengua.

Lugar: Plaza de Armas y alrededores.

Susurrar… porque no se trata de lectura desde un podio, de incidencia colectiva sino del acercamiento a alguno de los transeúntes para, si éste consiente, leerle (o, memorizado previamente, decirle) un poema breve o fragmento de un texto mayor que a juicio del “susurrador” pueda llegar a la persona en cuestión.
¿Qué se busca? Acercando la poesía a las personas, (con) moverlas, fraternizar. Que el gesto equivalga a un abrazo.

En la segunda parte del programa, el Café Literario en sí (y según es costumbre desarrollar temas de conversación) se dialogará acerca de la experiencia en presencia y / o con participación del público.

Participan:

Invitados al Café Bar Emiliana: Mercedes Melo, Lizabel Mónica y Yolo Bonilla.
Escritores, lectores (y promotores ellos mismos) asiduos al Café Emiliana convocados para la acción poética: Anna Lidia Vega Serova, Adriana Normand, Yunier Guerra, Darsi Fernández, Cristina Sánchez, Susana Grass, Soleida Ríos.